S.O.S.

11/04/2016

 

Reflexión:
Hoy  les quiero platicar de una costumbre relativamente nueva, pero que ha arropado todo el planeta: ¡no podemos vivir sin celular!


Personalmente en más de una ocasión he sabido devolverme a la casa al percatarme de la ausencia del dichoso aparatito. Mi justificación: es mi secretario personal, que organiza mi agenda diaria, mis llamadas, mi correo personalizado por el que despacho asuntos importantes de trabajo, mi calendario, mi cámara de alta resolución ¡en el bolsillo!, mi periódico virtual, mi pronóstico  del tiempo, mi calculadora profesional mi acceso directo a los bancos, contactos con mis suplidores y como si fuera poco: socializar saludar, bendecir y enterarme de mis amigos. Es por eso, argumento yo, que siempre lo debo tener conmigo.


Hace unas décadas tener un celular era señal de estatus, pues era un servicio costoso y elitista. En esa época eran solamente teléfono. Hoy día tienen una capacidad muy por encima de las computadoras que fueron responsables de subir al hombre a la luna, y lo tenemos literalmente  ¡en un bolsillo! Y a un costo asequible a la mayoría.

 

El problema es que su uso se está saliendo de control y éste ejerce un dominio aditivo sobre muchos de nosotros. Vivimos ensimismados, absortos, embelesados en su magia.


Me cuenta una de mis queridas hermanas que en su casa se comunican por ese medio, estando a metros de distancia: su esposo le escribe "baja el televisor... tengo hambre... ¿qué haces?...tráeme agua" y ella por igual le contesta. También se suman sus hijos (mis sobrinos) a esta moderna práctica comunicativa.

Nos da risa, pero es una desnaturalización de la función de comunicación que es y ha sido el pilarte del desarrollo de la humanidad.

 

Pienso que el incremento del deterioro socio-familiar tiene raíces en este asunto; estamos viviendo disgregados y dispersos. Ya Jesús “lo veía”: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Mateo 9:36

Charles Fillmore nos muestra el antídoto a esto: “Ninguna condición externa o circunstancia puede mantener al hombre esclavizado cuando hace contacto mental con Dios”.

¡Sí! Eso mismo, crear un espacio diario de comunión con Dios.

 

Las cadenas de noticia en todo el mundo utilizan vídeos grabados o fotos de celulares de momentos noticiosos, captados por cualquier ciudadano, para informar…incriminar…absolver.


Incluso hace unos años circuló uno, mostrando el "ajusticiamiento" por horca de un temible dictador del Medio Oriente, y la captura y muerte de otro, por una turba enardecida en las calles de Trípoli. O el circo montado en El Cairo, encausando a un presidente corrupto enjaulado y en pijama en la misma sala de justicia. (Porque no importa el lugar geográfico del acontecimiento; nos llega ipso facto.

 

Su uso es indistinto y se usa para enaltecer o dañar reputaciones y moralidades. No se escapa el morbo de aquellos que fotografían y cuelgan en las redes, aparatosos accidentes, con pérdidas fatales humanas, mientras más sangre y desmembramiento mejor, y tienen la osadía de pedir un like, sin importar herir sentimientos ajenos.

Jocosamente tenemos los post que te aseguran una maldición por muchos años, o de por vida, si no le das like (generalmente mostrando personas deformes o niños hambrientos de África).


Por eso lanzo un S.O.S. Para que nuestras relaciones sean más humanas y fraternales. Que dejemos la frialdad del ciberespacio y vuelvan los abrazos y las cálidas conversaciones de antaño.



¡Dios les bendice!


 

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