Renovando nuestras mentes

25/04/2016

 

Reflexión:
El mayor clamor del  corazón humano es el anhelo de conocer a Dios. Hay una gran fuerza en nosotros, una sed interna, un fragor, que promueve el cambio o transformación; que nos propulsa a esa búsqueda incesante y que nadie…óigase bien, nadie, ha podido encontrar desde afuera.

 

Es bueno diferenciar que querer es de la mente, del ego, humano; desear es del corazón, del alma, divino. Por tanto nuestro deseo es el deseo de Dios en nosotros ¡Tu no buscas a Dios…Él te busca a ti!

 

Nosotros somos seres en proceso de cambio, somos oruga que ha de convertirse en bella mariposa. La vida es evolución…cambio…metamorfosis. Y esa evolución opera primero en nuestra mente (punto de encuentro de Dios y nosotros).

Hemos aprendido que la verdad es dinámica y como tal es susceptible a cambiar. Mañana tendré más experiencia que hoy y por tanto puede que mi visión sea aún más clara. Por ejemplo la única diferencia entre un adulto y un niño radica solo en el nivel de comprensión de ambos.


Charles Fillmore solía decir que lo que decía hoy podía cambiar mañana (parafraseado). Esto se suscribe al pensamiento del gran filósofo griego Heráclito quien sostuvo que el cambio es la esencia de la vida. Que todo está en proceso de ser y que por tanto el cambio es eterno. Es bien sabido que todo lo que se asienta muere.

Entendía el señor Fillmore que su nivel de comprensión iba alcanzando un mayor desenvolvimiento al compás del tiempo. Él realizó que la única verdad incambiable es que todo cambia.


Es indudable que la Biblia es una cantera de sabiduría dirigida a enriquecernos en nuestro paso por la vida. En ella pues, encontramos una palabra clave que descifra y explica muy bien este punto (está en idioma griego, como fue escrito casi la totalidad del Nuevo Testamento) y es METANOIA: que significa cambio de opinión.

En el cristianismo temprano, primitivo, significaba arrepentimiento (que es como les gusta usarla aún hoy día a muchos grupos religiosos). Pero si salimos de los muros de la teología, la metanoia es muy cercana a lo que hoy conocemos como transformación.


El logro de un cambio de consciencia es para mí el significado de la redención o salvación. Entonces desde mi punto de vista no sólo debemos ser adaptables al cambio, sino que es completa y absolutamente necesaria una transformación de pensamientos, sentimientos, acción y reacción para poder alcanzar un estado de bienaventuranza, de paz, de amor de quietud; de verdadera realización.

 

Jesús le dijo a su discípulo de la oscuridad, Nicodemo, que era necesario volver a ser como niños para alcanzar el reino de Dios.

Metanoia es sinónimo de limpieza. Es un llamado a limpiar nuestras mentes (“Estás salvo…no peques más”: fórmula sanadora o transformadora usada por Jesús). Es limpiarnos de pensamientos nocivos, enfermizos y después cuidar para evitar “ensuciarnos” nueva vez (“velad para que no caigáis en tentaciones”).

Muchas veces la limpieza o transformación es dolorosa porque significa dejar lo viejo (apego) para agarrar lo nuevo (renacer).


El que siempre estuvo muy claro fue el Apóstol Pablo
que nos exhorta a ello al decirnos: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento". Romanos 12:2

 

¡Dios les bendice!

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