REVELACIÓN

15/08/2016

 

Reflexión:

Todo el conocimiento de Jesús provenía directamente del Padre, era una emanación de la Fuente-Dios. Nunca intentó obviarlo, siempre que tuvo oportunidad habló sobre ese particular: “Porque yo no hablo por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio el mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” Juan 12:49.

Esta extraordinaria conexión de Jesús y su Padre denota una cercanía única, pues tan solo el hijo de Dios podía recibir el don de la revelación en cada una de la palabra pronunciada.

 

Esto ha sido hábilmente utilizado y explotado por los que “viven” de Jesús haciendo de su figura y palabras su principal activo de trabajo. Notemos que Jesús dijo quienes eran sus amigos; “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” Juan 15:14

 

En otras latitudes (como en oriente) el conocimiento directo es tan solo una señal del desarrollo de un nivel de consciencia universal donde la mente humana a través de la transformación se funde con la Mente-Dios.

 

Resulta muy edificante lo que nos dice Charles Fillmore sobre la  revelación: “Divulgación, declaración de la verdad. Hacer conocido aquello que está oculto. La revelación de Cristo a todos los hombres es la máxima revelación”.

“La revelación divina es mucho más común de lo que se cree. El Espíritu de la verdad revela la sabiduría oculta a miles, por todas partes. Poetas y escritores de la verdad se inspiran en el Altísimo. Personas calladas de toda clase social son los receptores de la palabra divina”.

 

Recordemos que los doce discípulos de Jesús alcanzaron ese alto estado de realización. La Biblia nos cuenta que la palabra de Pedro tenía poder de sanación y que incluso su propia sombra sanaba. De Pablo nos dice que tenía el poder de resurrección de los muertos.

 

El pensamiento tiene lugar en la mente, y como hemos explicado, la mente es el único lugar de encuentro con Dios, a más profundidad de pensamientos, más revelaciones, más nos acercamos a Dios, que es el origen de nuestra mente, haciendo que nuestros pensamientos sean muy intuitivos.  

¿Quién no ha tenido un atisbo  de revelación momentánea donde vemos las cosas con claridad sorprendente, y conscientes de que no es un pensamiento ordinario? Nos deja una sensación de que hemos entrado a una realidad superior. Esto nos ocurre con más frecuencia de lo que creemos. Son entradas al reino de los cielos, a manera de Flashes o parpadeos que iluminan nuestros días.

 

Esa era la morada permanente de Jesús: completa y perfecta comunión con Dios. Nosotros somos apenas visitantes a ese reino donde entramos y salimos (pero realmente por nuestra pobreza espiritual no podemos acrisolar ese sagrado estado de bienaventuranza).

Jesús habló de la realidad divina, que es la sabiduría perenne del alma. Fue su principal fuente de comunicación. Sus discípulos le preguntaban de muchas cosas, y Jesús contestaba como quien tenía autoridad (Marcos 1:22), como lo haría Dios. Porque amigos, en resumidas cuentas, la Mente de Jesús era la Mente de Dios. Él no interpretaba, como lo hacemos nosotros, no utilizaba filtros mentales para saber qué y cuándo decirlo, ya había vencido al mundo (Juan  16:33) lo que significa que su mente carnal había trascendido la humanidad y era Dios mismo en acción.

Solo me queda decirte, permite que los colores de la revelación lleguen a tu vida, haz nido en ella y serás una nueva creatura.

 

¿Y tú, dispuesto a recibir tu revelación?

 

 

¡Dios les bendice!

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