Cada Cabeza es un Mundo


Reflexión:

La realidad es infinita y por tanto no podemos captarla con nuestros sentidos ordinarios. Solo pequeñas impresiones se quedan en nosotros.

Esta nos llega con toda su pureza como una luz blanca (monocromática) y al pasar por el prisma de la mente se descompone en muchos colores, que son nuestra interpretación de los hechos. La interpretación va a depender de nuestras creencias, formación, escolaridad, valores, nacionalidad y una extensa gama de factores.


Por eso nuestros pensamientos son únicos, matizados por las experiencias previas, recuerdos, referencias de experiencias ajenas (“si ves la barba de tu vecino arder pon la tuya en remojo”), historias leídas, vistas en el cine, la TV, escuchada en la radio, familia, tradiciones, etc.

¡Es de esa misma materia prima que se forjan los sueños!


Ese mundo interno es nuestro “mapa personal” y sucede que podemos accesar al mapa personal de otros simplemente poniéndonos en sintonía, logrando así una percepción de la “realidad” amplificada.


Ahora nos queremos referir a un fenómeno en particular: Cuando vivimos una experiencia extrema, muy fuerte e impactante, nuestra “realidad” se expande más allá de nuestro cuerpo creando un manojo de energía que impregna todo el ambiente.

Es por eso que los líderes tienen seguidores, (arrastrados por la intensidad de sus creencias). Mismo fenómeno de los “santos”.


Así ante un hecho catastrófico e inesperado (accidente, muerte, mutilación, etc.) el ambiente se torna enrarecido y decimos que “era tan denso que se podía cortar con un cuchillo”. Nos sumamos al dolor, confusión, llanto y desesperación.

De igual manera en momentos de suma felicidad (cumpleaños, un premio, una distinción, deportes) crea una atmósfera de disfrute muy acentuada donde hacemos incluso cosas no habituales en nosotros.



Lo mismo ocurre en un ambiente de oración, al visitar grandes catedrales o templos, con vitrales, ornamentos y alturas que “apuntan al cielo”, incluso pude ser en un simple lugar tranquilo, ambientado tan solo con incienso o música de meditar. Entonces nos sobrecogemos con pensamientos divinos y místicos.


Todo esto realmente es un proceso de separación con la vida y no es nuestra esencia. No es la realidad. Nuestro ser divino está más allá de todo eso y es allí donde debemos establecernos. “La paz os dejo mi paz os doy…no se turbe vuestro corazón…” Juan 14:27


Para Charles Fillmore la realidad es: “Aquello que es constante, eterno, inmutable, el mismo hoy, ayer y por los siglos.”


Ante la desgracia y ante la gracia reconozcamos la realidad que es el bien de Dios siempre en nosotros.

¿Y tú, centrado en la realidad o en el mundo fluctuante?

¡Dios les bendice!

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© 2015 Rafael Inoa

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