VEJEZ

31/10/2016

 

Reflexión:

Una de las grandes aspiraciones de los humanos es perpetuarse como especie, pero más aún mantener la frescura y lozanía de la juventud.

Pareciera increíble que a tantos años de permanencia en nuestro planeta todavía no estemos preparados para experimentar el inexorable proceso de envejecimiento.

La segunda ley de la termodinámica nos habla de entropía, que significa evolución o transformación.

 

El concepto de Entropía, explicado de forma muy simple, dice que todo en el universo tiende a empeorar irremisiblemente. El orden tiende al caos en todos los casos, sin excepción. La entropía puede explicar la vejez y el deterioro irreversible de los seres vivos, y muchas otras cuestiones relacionadas con la destrucción y la muerte de cuanto nos rodea.

Ella es la fuerza que impulsa los procesos naturales con los que convivimos a diario, y entre ellos las reacciones químicas espontáneas. También ella es la responsable de que los automóviles se oxiden e inclusive que las estrellas se enfríen y mueran.

 

Nuestro envejecimiento no es más que una oxidación celular. Este daño es provocado al tiempo, por los radicales libres. La piel pierde elasticidad, luciendo seca y arrugada.

Es justo saber que la entropía solo acciona sobre lo físico, por tanto solo afecta nuestro cuerpo y nuestra mente, mas no toca el espíritu (que opera con otras leyes).

Charles Fillmore definió vejez como: “Creencia falsa incrustada profundamente en la mente de la raza. Acepta la ley biológica como la conclusión para el hombre, en lugar de la ley de Dios”.

 

Les cuento que el señor Fillmore murió a los 94 años de edad, muy activo, escribiendo, produciendo, y en perfecto estado de salud, con un aspecto fresco y sin siquiera arrugas.

Lo que quiero decirles es que aunque es una ley incambiable sí podemos ralentizarla, dejar que nuestro espíritu brille e ilumine nuestro cuerpo y nuestra mente. Así el caos y la destrucción (entropía) se hace menos evidente.

Podemos ver que ciertamente el proceso de envejecimiento es diferente en cada caso, pues va a depender de cómo lo asumamos, de lo que pensemos sobre ello.

 

Viví en carne propia una experiencia al respecto. Sucedió hace muchos años, recibí como regalo un par de zapatos “de marca” color champán ¡lo recuerdo! y me gustaron tanto que decidí guardarlos, enfundado y en su caja, para una ocasión especial. Mucho tiempo después me dispuse a usarlos y cual no fue mi sorpresa al ver que el tiempo le había pasado factura y su piel lucía agrietada, envejecida y descolorida. Parece que en mi apego inocente…o ignorante, aceleré el proceso de entropía al guardarlos en una funda plástica ¡Y fue a parar al zafacón, sin uso!

 

Desde ese entonces, fue ahora que comprendí la frase: “En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos”.

 

¿Y tú, bajo la ley del espíritu o la ley natural?

¡Dios les bendice!

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