LA CRUCIFIXIÓN

13/02/2017

 

 

Reflexión:

Es común pensar que un estado de paz imperturbable es asunto solo de oriente. Es del agrado de casi todos ver la figura bonachona, regordeta y con el torso semidesnudo de Buda, sentado y sonriente, capaz de involucrarnos en Su contagiosa paz.

 

Es curioso, por demás muy doloroso y patético, el escenario cristiano donde la deidad cuelga de un madero, en estado agónico, embadurnado todo Su Santo Cuerpo de Su Sagrada Sangre, coronado con espinas y un tajo en el costado derecho.

 

 Aquel Dios semidesnudo, adolorido, moribundo representa nuestras propias miserias. Ha sido un plan perfecto ideado con el único propósito de hacernos culpables de ese Deicidio, haciéndonos creer que su muerte es una expiación por nuestros pecados.

 

Se trata de ponernos en defecto, en deuda para con Dios; es un subterfugio sicológico, un mensaje subliminal para jugar con nuestros sentimientos e ignorancia,  invitándonos a aceptar nuestras culpas por ese hecho horrendo.

 

El acontecimiento más importante en la vida de Jesús fue Su Resurrección, no su muerte. Por tanto para nosotros el símbolo del cristianismo debería ser la tumba vacía, representación del triunfo de la vida sobre la muerte, comprobación fehaciente de que Jesús fue el mecías esperado.

 

Es la alegría resucitada, de que no es vana nuestra fe, pues representa el clímax del cumplimiento profético de un destino anunciado por antiguos videntes. 

 

No sé si sabías que al inicio, el símbolo del cristianismo fue la figura del  pez, cuya palabra en griego (ichtus) es el acrónimo de  "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".

Luego, cuando el emperador Constantino I el Grande oficializa el Cristianismo, incorpora el Crismón como símbolo de la nueva religión que es el monograma de Cristo (XP)  que consiste en las letras griegas  X (chi) y P (rho), las dos primeras letras del nombre Cristo en griego.

 

Pasan los años, y siglos; entonces, este símbolo evoluciona, se va transformando, tomando la forma de las cruces celtas y druidas, ya en el arte románico (S. XI) adquirió la forma de cruz actual. No sabemos cuándo le engancharon a Jesús moribundo y ensangrentado, obra maestra de una mente malsana.

Tal vez tú no te lo habías preguntado nunca, pero esto es un contrasentido. Supone que una religión es para liberarnos, no para asustarnos o culparnos.

 

¿Y a ti, te produce paz, dolor o culpa?

 

¡Dios les bendice!

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