VAGABUNDOS PEREGRINOS Y EXTRANJEROS


Reflexión:

Ciertamente nuestra vida es un viaje, estamos de paso en este planeta, somos vagabundos, peregrinos y extranjeros, pues nuestra morada permanente y definitiva es el cielo, la eternidad; venimos con una misión muy especial: el Creador nos ha dado una cesta llena de amor para esparcirla a nuestro paso.

Muchos permiten que se marchite, otros la tiran a la vereda, algunos se quedan con ella, y existen aquellos sembradores que hacen de esa cosecha el motivo de su viaje.

Para el viaje se nos permiten diversos medios de transporte, que consisten en el modus vivendi que cada cual determina y construye con su libre albedrío: profesional, comerciante, deportista, empresario, político, sacerdote, ministro, artista; en fin una infinidad de vehículos que cada cual construye en su momento.

Algunos llegan a pensar que el modus operandi es el motivo en sí del viaje (destacarse en su quehacer, alcanzar notoriedad, crear una familia, ser un líder comunitario, etc.)

Y todo eso está muy bien, más la Verdad es que todo ello es el medio para algo mayor, hacer el verdadero trabajo, que consiste en alcanzar una transformación real y efectiva en nosotros mismos.


El combustible que echa a andar ese vehículo es el amor, no en vano Pablo escribió a los Corintios que hablar en lenguas humanas y angélicas, entender todos los misterios y la ciencia, aún tener toda la fe, distribuir tus bienes a los pobres (todo esto sin amor) de nada nos sirve.

La vida es un jardín y debemos sembrar amor por doquier.

Quizás en este punto te preguntarás ¿por qué hay que cambiar?

Las Escrituras nos dicen cuando acabó Dios toda la creación, en el sexto día: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Génesis 1:31

Esta cita nos confirma que fuimos creados perfectamente, pero luego sobrevino la nefasta caída del hombre (hermosa alegoría que nos explica la caída en consciencia de la especie humana).


De ahí en adelante la perfección se convirtió en una opción, una potencialidad que tenemos que traer a expresión, a manifestación. Jesús llegó a comparar esto como una necesidad de nacer de nuevo (transformación total) así se lo hizo saber al anciano Nicodemo, un requisito indispensable para entra al reino de los cielos.


¿Y tú, sinceramente, estás transformando tu vida o solo desarrollándote social y económicamente?


¡Dios les bendice!



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© 2015 Rafael Inoa

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