ORACIÓN CON OTROS


Reflexión:

Como parte de nuestro crecimiento espiritual tenemos la invitación del Espíritu de dar orientación, guía y oración a otros muchos que así nos solicitan.

“Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Lo que ustedes recibieron de gratis, denlo gratuitamente”. Mateo 10:8


Hoy queremos compartir con ustedes un caso muy puntual de necesidad de afianzarse y centrarse en sí mismo ante vicisitudes e inclemencias del diario vivir. Anotamos que nuestro único interés al divulgar nuestro trabajo, es con la esperanza de que también pueda ser de utilidad por lo menos a un solo de nuestros lectores.


Mi amigo me escribe: “¡Hola! Necesito unas palabras de aliento, donde piense que no todo está perdido, ¡ahora mismo! Me siento con un gran vacío”.


Sencillas palabras de auxilio con un profundo sentimiento de abandono. No es ocasión de sermonear, o de reprimenda, por no asirse a la Verdad; más bien, es momento de mostrar compasión, amor e infundir granitos de mostaza de fe.

Aunque en su pedido había cierta urgencia no me entero sino cinco horas después. Cierro mis ojos y tomando una respiración profunda le escribo:


Querido amigo:

Por alguna razón el Universo conspiró para que sea en este momento en que te atienda.

Te voy a pedir, si tienes la oportunidad, de salir a algún balcón, o mejor a una azotea y observes el firmamento, con todas las estrellas y la luna.

Observa fijamente, por unos instantes, y deja que tus pensamientos vuelen tan altos como esas estrellas apenas perceptibles para ti ¿Verdad que es extraordinario y majestuoso?

Pues todo lo que ves es insignificante en relación a toda la creación. Y toda la creación (vasta e inconcebible) fue manifestada por quien en ti mora.

El Creador es más grande y completo que la creación. Y Ese reside en tu interior ¿No es grandioso, extraordinario e inexplicable que todo aquello que puedes ver, en cierto modo, es una emanación de ti?

Pero no de lo que piensas de ti, o de lo que otros piensen que eres; sino de lo que realmente eres, una perfecta semejanza de Aquel o Aquello que nadie vio jamás ¡ERES DIOS EN EXPRESIÓN!

Ni remotamente hay motivos para sentirte triste o afligido. Solo se justifica si has estado ignorando estas verdades que ahora te recuerdamos.

¡Levántate tú que duermes y aprópiate de todos tus dones! Hijo de Dios, tu Padre Celestial nunca te ha abandonado, ni olvidado, ni dejado solo en ningún instante, desde que fuiste creado antes de que el mundo fuera.

¡Toma una respiración profunda y afirma: Dios y yo uno somos! Amén…amén...amén.

¿Y tú, te animas a una oración?

¡Dios les bendice!

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© 2015 Rafael Inoa

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