LA TUMBA VACÍA

17/04/2017

Reflexión:

Antes de iniciar su ministerio, Jesús ayunó por cuarenta días y cuarenta noches. Después se dirigió al desierto donde se enfrentó a Sí mismo, con tentaciones muy humanas. Tuvo que decidir entre servir al mundo o servirse de él.


Eligió lo primero e inició un ministerio por tres años, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, mostrando el gran poder de Dios actuando a través de Él. Fue reiterativo en decirnos que ese mismo poder también era en nosotros.


Enfrentó a las autoridades religiosas, escribas y fariseos llamándoles serpientes, generación de víboras, hipócritas y sepulcros blanqueados.


Su intransigencia hacia estos, desencadenó una serie de acontecimientos que terminaron con la traición y deserción de uno de los doce y su posterior condena a muerte. Fue humillado, burlado, escupido, agredido y finalmente crucificado como un vulgar delincuente junto a dos malhechores.


Soportó todos los maltratos, pronunció siete palabras en la cruz (que aún muchos siguen sin  entender) y suspiró.

Hasta aquí vemos una vida heroica, de dimensiones extraordinarias.
Pero resulta que Su vida no terminó en la cruz. Al tercer día, cuando fueron por Su cadáver, ¡LA TUMBA ESTABA VACÍA! 


Nos dice Charles Fillmore: “Esto se logra por la comprensión de que Dios es Espíritu y de que Dios creó al hombre con el mismo poder que Él tiene”.


Nos cuenta Mateo que para que no haya dudas: "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Lucas 24:39


Aquí estamos a otra dimensión más allá del heroísmo, estamos en el terreno de lo DIVINO. Esto es la promesa de vida eterna, el cumplimiento de antiguas profecías.


Esta fue Su máxima realización. Por eso defendemos la tesis de que el símbolo del cristianismo debe ser la tumba vacía y no la cruz. Con la cruz aún la historia no termina, está todavía a medias, es la tumba vacía el clímax o coronación de Su obra.

 

Pablo nos asegura: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Romanos 8:11

 

¿Y tú, crees en tu resurrección?


¡Dios te bendice!

 

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