LEY CAUSA Y EFETO

26/06/2017

 

Reflexión:

¿Por qué pareciera que una fuerza invisible nos lleva hacia donde no queremos ir?

 

Nos dice Charles Fillmore que “Toda acción verdadera está gobernada por leyes. Nada simplemente ‘sucede’. Todo lo que sucede es el resultado de una causa y puede explicarse bajo la ley de causa y efecto”.

 

Esta  ley natural es conocida también como “ley de la consecuencia”, “ley de retribución y compensación”, o “ley de siembra y cosecha”.

Cualquier cosa en la que invertimos tiempo, energía, dinero, es un acto de siembra. Cosecha son los resultados o consecuencias de lo que hemos sembrado.

 

Tal vez te sorprendas que Jesús fuera conocedor y observante de esta ley:

- “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?   Mateo 7:16

 

- “Así todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:17).

 

- “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Mateo 7:2

 

Por tanto todo lo que hacemos  produce un efecto.

Pero ¿sabías que una limosna a un indigente puede producir un efecto devastador en nosotros? Jesús nos cuenta de publicanos que adoran dar a son de trompetas y otros que cumplen cabalmente con la ley, pero con un espíritu jactancioso.  

 

¿Y que un acto baladí puede ser de fortuna y gracia? Como el enano Saqueo que con un acto nimio halló simpatía en Jesús o la mujer que con un comportamiento pueril solo quería tocar la vestidura del Maestro, recibiendo Su compasión.   

 

Pablo nos resume la idea de la que venimos hablando: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Gálatas 6:7

 

Es que existe una ley llamada “de intención” que devela el motivo o causa que te mueve, y por ello una acción “buena” puede generar en nosotros un resultado “malo” y viceversa.

 

Arguye Pablo: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. 2 Corintios 9:6-7.

Concluimos que lo más conveniente es que todas nuestras acciones sean un acto de amor.

 

¿Y tú, estás consciente de tus causas?

 

¡Dios te bendice!

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