DE ESPALDAS A LA RELIGIÓN

31/07/2017

Reflexión:

Curiosamente toda persona puede en apariencia llevar y vivir una vida alejada de la religión, más no puede vivir sin la espiritualidad.

La religión es como el cauce o lecho de un río que refrena o delimita su contenido (que en nuestro ejemplo vendría a ser nuestra espiritualidad).

 

La religión (cause) sin el río (espiritualidad) no tiene sentido. El río siempre con su fuerza avasalladora construye su cauce. Así mismo la espiritualidad necesita de una religión para llegar al final del recorrido, el océano (la presencia divina).

 

La esencia del agua es su liquidez, la esencia del cauce es de contención, de igual manera la esencia de la religión es ordenar la convivencia humana a través del amor (o temor) a Dios, y la esencia espiritual es ponernos en contacto con esa poderosa energía divina que le hemos llamado Dios y que Jesús llamó “Padre”.

 

Así como el río tiene fe en el cauce, que habrá de llevarlo a su destino, la espiritualidad descansa en la religión para ponernos en contacto con el gran océano.

 

Cuando el río sale de su cauce suele ser devastador y destructivo, su fuerza demoledora arrasa todo a su paso, una espiritualidad mal llevada puede desbordar la original intención con resultados catastrófico.

 

La religión sin espiritualidad es como un lecho muerto.

La espiritualidad sin religión se asemeja a un río anegado ¡Entonces ambas son necesarias!

 

Hemos estado hablando no necesariamente de las religiones organizadas que conocemos, sino del concepto ideal y etimológico de la palabra: religare, que significa atar, amarrar, volver a Dios.

 

Contrario a lo que pudieran pensar muchos, Jesucristo no fundó ninguna religión sino que procuró darle énfasis a la religión de la época, más que seguir la letra muerta de las escrituras (cauce)  procuró buscar vida, guía, dirección (espiritualidad).

 “No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor”. Mateo 5:17 (DHH)

 

La humanidad estaba languideciendo en un letargo, que lento, pero seguro, la llevaría a la muerte y Jesús vino a inyectarnos vida: “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Juan 10:10

 

 

¿Y tú, andas detrás de la letra o del Espíritu vivo que hay en ella?

 

¡Dios te bendice!

 

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