¿RIQUEZA O PROSPERIDAD?


Reflexión:

Usamos indistintamente estas dos palabras como sinónimos.

¡Y no lo son! Al menos espiritualmente hablando.

La riqueza es hija de la mente. Procede de un esfuerzo personal, una planificación, haber venido “con una buena estrella” (herencia, facilidades, etc.) y otros factores que desencadenamos.


La prosperidad es del alma. No es una sola cosa, es un conjunto de cualidades que nos sitúan siendo estables, sin importar situaciones externas, puede incluir riqueza (no imprescindible) más es algo que va más allá de ella.


Muchos con acumulación de bienes materiales piensan que son prósperos. Es muy común que un rico solo le interese la miel, el dulce que destila la riqueza, entreteniéndose con eso. Por eso Jesús habló de la dificultad de un rico para entrar al “reino de los cielos”.


No es que la riqueza en sí misma sea mala o “pecaminosa” como pretenden algunos, es que fácilmente nos puede distraer de lo que venimos a hacer aquí en la tierra.


El dulce de la riqueza se puede convertir en amargo y dolor, pues muchas veces para lograrla nos alejamos de valores, familia, Dios y las cosas que verdaderamente importan.

La prosperidad, en cambio, nos coloca en la antesala de la dicha y de la luz; incluye salud. Algunas veces la riqueza la roba.


Que sanen todas tus relaciones.

¡Dios te bendice!

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© 2015 Rafael Inoa

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