COMO ES ADENTRO ES AFUERA


Reflexión:

La única manera de nosotros poder contactar nuestro medio circundante es a través de nuestros cinco sentidos (vista, oídos, olfato, gusto y tacto) y dos menos conocidos (intuición y telepatía).

Pero estos siete sentidos son enormemente influenciados por nuestra mente (en sus dos fases: consciente y subconsciente) de manera que lo que vemos, oímos, olemos, degustamos y tocamos no es algo absoluto, sino más bien una proyección de nuestra mente.


Entonces, cada caso es una experiencia distinta y personal, que va a depender de nuestros registros akáshicos (memoria universal de la existencia, espacio multidimensional donde se archivan todas las experiencias del alma que incluye vidas pasadas, presente y potencialidades futuras).


Vamos a ilustrar esto con ejemplos:

Si cuando niños, nos inculcaron temor a la oscuridad, ya de adultos, sentimos inquietud por ella, de modo tal que de las sombras proyectadas construimos figuras horrorosas, monstruosas o temerosamente humanas.


Si nos intimidaron (cuando chicos) que de no ingerir todos los alimentos llamarían a un policía, ¿saben qué? De adultos cuando vemos uno, aunque no hayamos infringido la ley, sudamos y nos inquietamos, sin saber porqué.

Si cuando jovencitos temíamos a los perros, de adultos, sus ladridos nos alertan y dispara todos los mecanismos de peligro y supervivencia latentes en nosotros.


Si transitamos por una carretera soleada “vemos” el pavimento mojado. Hasta en una conversación sencilla, escuchamos lo que queremos escuchar.


Y así se conforma un círculo vicioso de lo que vemos y lo que recordamos…una y otra vez, porque en definitivas como es adentro es afuera.


Que sanen todas tus relaciones.

¡Dios te bendice!

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© 2015 Rafael Inoa

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