COSTUMBRE


Reflexión:

Cuentan que una señora fue a visitar a su comadre al nuevo barrio donde se mudó. Una vez acomodada y sin ningún tapujo ni consideración dijo la visita: “¡Comadre! ¿Pero y este olor tan desagradable y nauseabundo?” a lo que la recién mudada muy convencida le responde: “pero comadre si usted hubiera estado aquí al principio cuando nos mudamos”.


Esta historia revela una realidad más común que lo que pudiéramos pensar.

¡El olor seguía siendo el mismo de siempre! Solo que ya el olfato de la recién mudada se había acostumbrado a esos desagradables olores.


Nosotros, en nuestras vidas tenemos pruebas a ser vencidas, a ser superadas, pero que por darle tiempo, darle largas al asunto, por no enfrentar la situación, terminamos acomodándonos a ellas y las hacemos parte de nosotros. Se convierten tristemente en accesorios innecesarios, y también imperceptibles para nosotros, haciéndose parte nuestra, aunque no así para los demás que vienen a ser como una carga lastimosa, incómoda y pesada.


Lo notorio de esto es que los de nuestro alrededor sí que detectan la “anomalía” y aunque nos advierten al igual que la comadre metiche de la historia, ya no nos damos ni cuenta de ello.


Esto aplica para hijos “descarriados”, esposos “Abusivos”, enfermedades “desatendidas”, niños “lastimados”, "vicios" de juegos o “descontrol” con la bebida (ya sin distinción de géneros).


Es sano y válido decir que existen las buenas costumbres, que sí son valederas, constructivas y provechosas, por lo que a los seguidores del Cristo se nos exhorta a que “sigamos andando ordenadamente en esta misma rutina”. Filipenses 3:16



Que sanen todas tus relaciones.

¡Dios te bendice!

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© 2015 Rafael Inoa

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